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Envejecimiento saludable

Envejecimiento saludable

Envejecimiento saludable

Ante el aumento de la esperanza de vida, mantener hábitos saludables y evitar factores de riesgo se torna fundamental, si queremos vivir mejor nuestra madurez.

La esperanza media de vida en España en el año 1900 era de 35 años para los hombres (algo más en las mujeres). Un siglo después supera los 78 en los varones y los 82 en las féminas.

Esto hace que la educación desde la infancia, en lo que se conoce como “estilos de vida saludable”, sea fundamental de cara a preparar un envejecimiento satisfactorio, que nos permita vivir con plenitud los últimos años de nuestra vida.

A comienzos del siglo XXI el envejecimiento de la población es un proceso demográfico dominante en toda Europa, que se ha convertido en el continente más envejecido del mundo. Además, el incremento de esperanza de vida ha ido acompañado de un cambio en las causas de mortalidad, de forma que las enfermedades infecciosas han sido sustituidas por problemas crónicos relacionados con el envejecimiento. Sin embargo, las políticas para impulsar la actividad y promover la salud de la gente mayor son aún escasas en todos los países desarrollados.

Este cambio demográfico requiere cambiar el paradigma del envejecimiento. No es sostenible continuar con la consideración de ser una etapa de deterioro físico y mental inevitables.

Ante una concepción aún hoy muy enraizada, según la cual, envejecer implica pasividad y dependencia, los paradigmas de envejecimiento activo y saludable ponen el acento en la autonomía, los derechos sociales y la vinculación relacional de las personas mayores. Se trata de cambiar la visión actual del envejecimiento por otra que valore las contribuciones de la gente mayor, que rechaza la discriminación por la edad y pretende reducir las desigualdades, y que proporciona entornos y oportunidades para que las personas mayores puedan hacer las elecciones más saludables para mejorar su independencia y su calidad de vida.

El deterioro funcional que acompaña el envejecimiento puede posponerse manteniendo una vida física, mental y social activa. Por tanto, el objetivo de los programas de promoción de la salud dirigidos a las personas de edad avanzada, no consisten en prolongar la vida indefinidamente, sino, ante todo, en dar la mejor vida posible a los años que le quedan a cada persona.

El envejecimiento saludable se define como el proceso de optimizar las oportunidades de salud física, mental y social que permiten a la gente mayor participar activamente en la sociedad, sin padecer discriminación y gozar de una calidad de vida buena e independiente.

La propuesta de una estrategia de promoción del envejecimiento activo y saludable gira en torno a diez líneas:

Participación y soporte social, salud mental, entorno, nutrición, actividad física, prevención de las lesiones, malos tratos, abuso de substancias adictivas (alcohol, tabaco), uso de medicamentos y problemas asociados y servicios de prevención.

Ahora sabemos que se puede tener una buena vejez y vivirla con vitalidad. Esta labor depende de cada uno, porque como bien se dice la vejez activa no sucede al azar.

¿POR QUÉ ENVEJECEMOS?

El envejecer es un proceso natural a lo largo del ciclo de la vida. Todo organismo vivo nace y muere. Sin embargo, encontramos una paradoja en lo referido a esta evolución natural:

  • Las etapas de la infancia, adolescencia y juventud se asocian al crecimiento personal.
  • La de la edad adulta al fin o conclusión de este desarrollo.
  • Mientras, la vejez se relaciona con el declive o deterioro del funcionamiento físico, incluso moral.

La juventud no siempre ha de ir ligada a lo positivo (“estar bien”), ni la vejez a lo negativo (“estar mal”). Y esta correspondencia no es del todo cierta: mientras vivimos, existen posibilidades de mejoras y cambios positivos.

La edad funcional: la medición del envejecimiento

Los años que tenemos no son la condición adecuada para determinar que una persona es vieja. Los geriatras han desarrollado otra forma de medición, la denominada edad funcional.

La edad funcional analiza el ejercicio de nuestro organismo desde una perspectiva biológica, psicológica y social para determinar cuán viejos somos. Es decir, estudia cómo funciona nuestro sistema de arterias, el estado de los músculos y los tejidos; cómo razonamos, sentimos, emocionamos y nos relacionamos con los demás y cómo nos implicamos en la vida.

Así, vemos que hay personas que envejecen de distintas maneras. Dos personas mayores (por ejemplo de setenta años) tomadas al azar, divergen mucho más entre sí que dos niños, dos adolescentes o dos adultos jóvenes. Esto nos indica que es en el período de la vejez cuando se diferencian, más que en cualquier otra etapa de la vida.

TIPOS DE ENVEJECIMIENTO

Dada la diversidad de envejecimientos los geriatras coinciden en clasificar la vejez en tres tipos:

  • Vejez normal: la que implica una serie de cambios graduales biológicos, psicológicos asociados a la edad, intrínsecos e inevitables, que ocurren como consecuencia del paso del tiempo. Por tanto, una persona vieja normal sería la que presenta la “media” de los parámetros correspondientes a su funcionamiento biológico, psicológico y social.
  • Vejez patológica: aquella que cursa con alguna enfermedad y discapacidad asociada a cambios que no son una parte necesaria del envejecimiento. Está confirmada la relación de a mayor edad, mayor probabilidad de enfermar. La mayor parte de los programas para la “tercera edad” van dirigidos a este tipo de vejez.
  • Vejez activa, satisfactoria, con éxito o competente: es aquella que cursa en las mejores condiciones posibles con baja probabilidad de enfermar, con alto funcionamiento físico funcional, cognitivo y afectivo y gran compromiso con la sociedad. Este tipo de vejez es la más deseable.

El lograr envejecer bien depende hasta un 75% de nuestros hábitos y de las oportunidades que nos brinde nuestro entorno social. Envejecer bien lo logramos con cuatro fundamentos clave:

  • Buena salud y ajuste físico.
  • Funcionamiento intelectual.
  • Afecto y compromiso.
  • Afecto y control.

Participación y soporte social

Está documentado el efecto positivo que la participación y el soporte social tienen sobre el bienestar. Las personas que se implican activamente en la vida y que tienen relaciones sociales son más felices, tienen mejor estado de salud mental y físico y más capacidad para afrontar los cambios y las transiciones vitales. El objetivo sería impulsar la participación de gente mayor en la comunidad, promover las intervenciones educativas y las actividades sociales dirigidas a la gente mayor para prevenir la soledad, el aislamiento y proveer oportunidades de trabajo voluntario.

Salud mental

Los principales problemas de salud mental que afectan a las personas de edad avanzada son la depresión, la ansiedad, la demencia, la esquizofrenia, los trastornos bipolares y el abuso de alcohol. El más común es la depresión, pero el más temido es la demencia (que es la que recibe más atención en investigación).

El objetivo es abordar los determinantes de la salud mental, la participación en actividades que den sentido a su vida, las relaciones personales con buenas amistades y la salud física.

Entorno

La escasa movilidad de mucha gente mayor, a menudo no viene determinada exclusivamente por limitaciones físicas, sino también por las dificultades de accesibilidad determinadas por la falta de un transporte adecuado, barreras arquitectónicas y dificultades de acceso de cualquier tipo. También se debe considerar la importancia del impacto del frío y del calor excesivo.

El objetivo es facilitar el acceso a las personas mayores a entornos ambientales, tanto exteriores como interiores, seguros y estimulantes.

Nutrición

La gente mayor tiene necesidades nutricionales específicas, requieren menos calorías pero más nutrientes para promover y proteger su salud y contribuir a su independencia, autoeficacia y calidad de vida.

El objetivo es promover hábitos de alimentación saludables entre la gente mayor, haciendo hincapié en el bajo consumo de grasas saturadas y el alto consumo de alimentos ricos en fibra, verduras y fruta.

Actividad física

La actividad física se asocia a una mejora y un alargamiento de la calidad de vida y tiene un papel importante en el mantenimiento de la salud y la funcionalidad entre la gente mayor. La práctica de ejercicio físico reduce el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, disminuye la presión arterial, el riesgo de accidente cerebrovascular y de cáncer colorrectal y tiene un efecto positivo en la sensibilidad a la insulina.

El objetivo es aumentar la actividad física entre las personas mayores hasta 30 minutos o más de actividad de intensidad moderada, la mayoría o preferentemente todos lo días de la semana.

Malos tratos

Se estima que en los países desarrollados el maltrato afecta entre el 4 y el 6% de la gente mayor. Cualquier tipo de maltrato implica sufrimiento, lesiones o dolor, pérdida o violación de los derechos humanos, deterioro de la calidad de vida y en algunos casos la muerte.

En definitiva, envejecer activamente significa “Vivir con vitalidad” cada ciclo de nuestra vida, manteniendo unos hábitos saludables (previniendo la enfermedad), optimizando nuestro funcionamiento físico, cognitivo y emocional; participando activamente en nuestra familia y nuestro entorno social.

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