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Estrés y su acción sobre la salud
En ocasiones sentimos que el corazón se nos acelera y late con fuerza inusitada, experimentamos un calentón en la cara y comenzamos a sudar. ¿Quién no ha sentido algo similar en más de una ocasión? Esto no son sino algunas de las manifestaciones de lo que conocemos como estrés. Sin embargo, el estrés es mucho más. Presenta una serie de manifestaciones no tan fácilmente reconocibles que, no obstante, pueden tener efectos sumamente dañinos.
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Durante la década de 1920 el neurólogo y fisiólogo norteamericano Walter B. Cannon descubrió que cuando un organismo tiene miedo o se enfrenta a una emergencia su cerebro responde activando el sistema nervioso simpático.
Cuando esto sucede, el ritmo cardiaco y la respiración se aceleran, la sangre abandona los estratos superficiales de la piel y se dirige hacia los músculos proveyéndoles una mayor cantidad de oxígeno. Todo esto capacita al organismo a responder a la emergencia, bien sea luchando o huyendo de la misma.
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Cuando este estado de emergencia se prolonga se produce una respuesta más compleja a la cual Hans Selye, llamó el Síndrome de Adaptación General. Selye entendía que esta condición prolongada de estrés causa daños al organismo, principalmente, a causa a la elevación de adrenalina y hormonas corticosteroides secretadas por las glándulas adrenales.
En la antigüedad el mecanismo del estrés cumplía el propósito de preparar a los seres humanos para responder a estados de emergencia que le representaban una amenaza física. La forma de responder a este tipo de emergencia era, por lo general, huyendo o peleando, respuestas para las cuales se requiere una gran cantidad de energía y fuerza muscular. Los cambios hormonales y otras alteraciones fisiológicas, que se producen en estados de estrés, van dirigidas a lograr esto.
En nuestra moderna sociedad no tenemos que enfrentarnos por lo general a animales salvajes (al menos en el sentido literal del término). Sin embargo, nos enfrentamos a situaciones de otro tipo, tales como problemas en el trabajo, o el matrimonio, con los mismos mecanismos con los que nuestros antepasados se enfrentaban a los animales salvajes.
ACCIÓN DEL ESTRÉS SOBRE LAS PLACAS DEL COLESTEROL
Ya vimos algunos de los cambios causados por las hormonas de estrés con el propósito de prepararnos para un estado de emergencia. Aunque esto puede ayudarnos a escapar de un peligro inmediato tiene sus costos.
Por ejemplo, el aumento en la cantidad y en la fuerza con que la sangre se mueve a través de las arterias causado por la adrenalina, causa una erosión de la cubierta interior de éstas.
Cuando la grasa que el cuerpo moviliza para ser convertida en energía, no es utilizada para estos propósitos termina siendo convertida en colesterol. Piense en una persona, cuya respuesta de estrés se activa pensando en los problemas que tiene con el jefe en la oficina. Grasa que estaba almacenada en los adipocitos sale de éstos con el propósito de proveer energía.
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Como esta persona meramente está pensando y no va a ejercitar sus músculos en una huida o defensa (aunque tal vez quisiera usarlos para golpear al jefe) esta grasa en lugar de convertirse en glucosa para proveer energía termina siendo convertido en colesterol por el hígado. Este colesterol se adhiere al interior erosionado de las arterias.
Por otra parte, el sistema inmunológico intenta reparar el daño a las arterias y para esto envía unas células llamadas monocitos. Si la situación de estrés se repite muy a menudo, éstos se transforman en unas células de gran tamaño llamadas macrófagos.
Los macrófagos además, por decirlo así, chupan el colesterol que circula por el área y se hinchan convirtiéndose en unas células aún más grandes con numerosos glóbulos de grasa en su interior. Si este proceso continúa eventualmente, estas células crean una placa que va obstruyendo las arterias.
ACCIÓN SOBRE EL ENVEJECIMIENTO CELULAR
Finalmente, un hallazgo sumamente revelador fue que, según un estudio realizado sobre dos grupos sometidos a diferentes grados de estrés, se vio que las células de las individuos de ambos grupos que reportaron sentir los niveles mayores de estrés habían envejecido unos 10 años más que los de la misma edad que reportaron los más bajos niveles de estrés. Los científicos sospechan que las hormonas de estrés están involucradas en estos resultados. Lo que implica este estudio es que el estrés crónico tiene la capacidad de acortar la vida de nuestras células y posiblemente hacer que envejezcamos más rápidamente.
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ACCIÓN SOBRE EL CEREBRO
El estrés crónico va poco a poco destruyendo la capacidad para formar lo que se conoce como memoria episódica, es decir, los recuerdos acerca de actividades recientes significativas para la persona, como por ejemplo, que desayunó hoy o adónde fue ayer.
Esto se produce por la acción de la hormona cortisol sobre una zona del cerebro llamada Hipocampo.
Se ha encontrado que las personas con depresión o estrés postraumático tienden a tener un sistema de estrés sobre activo. Esto afecta a otra zona llamada Hipotálamo pudiendo producir ansiedad, depresión y una tendencia a engordar.
Por todas estas causas y acciones concomitantes al final una situación de estrés puede desembocar en enfermedades del tipo enfermedades cardiacas, cirrosis del hígado, enfermedades pulmonares, accidentes y suicidio.
Como resumen podemos calificar el comportamiento del estrés como un agente importante en la posibilidad de una muerte temprana y el envejecimiento prematuro.
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DR. JUAN R. GONZÁLEZ |
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LICENCIADO EN MEDICINA Y CIRUGÍA |
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UNIVERSIDAD DE OVIEDO |
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ASESOR MÉDICO DE ASEFA SALUD |
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